Fundamentos para la Igualdad y la no Discriminación
Saludos de nuevos, compañeros blogueros:
Esta entrada y las siguientes vendrán enmarcadas en la realización del curso de Fundamentos para la Igualdad y la no Discriminación: En él, se trata de ofrecer una visión de la situación actual de todas aquellas personas que sufren, o pueden sufrir, algún tipo de desventaja o discriminación en sus vidas debido a sus situaciones personales, familiares, etc, además de mostrarnos cómo la lucha contra las desigualdades ha ido desarrollándose y ampliándose a lo largo, principalmente, del último medio siglo. En este marco, la primera reflexión solicitada debía versar sobre algún tipo de discriminación del que hubiésemos sido testigos, bien vía medios audiovisuales bien en primera persona, de la cual debíamos compartir nuestro punto de vista. Escogiendo el segundo enfoque, el personal, voy sin embargo a aprovechar para señalar cómo ha cambiado nuestra percepción de lo "normal" en apenas unas décadas de historia.
Nacido en una ciudad lejos de ser un centro económico del país, lo cierto es que la inmigración nunca fue algo que nos afectase en nuestra etapa estudiantil (preuniversitarios, aclaro): En clases 100% blancas a la gente de color la conocías por la televisión, y poco más, y muchos de sus problemas eran cosa "del cine", y por tanto, no te afectaba. Lo mismo podía decirse de otros otros problemas, que quedaban disimulados por el simple hecho de que no se hablaba de ellos: el abuso del diferente, del "rarito", la situación de la mujer... nada centraba ninguna conversación pues simple y llanamente era "la que era".
¿No había pues discriminación? ¿problemas en el aula? ¿desigualdades? Ni de lejos: ante la aparentemente "ídílica" igualdad, la gente (los alumnos, nosotros) simplemente buscaba la menor diferencia para establecer una línea entre "lo normal" y "lo distinto". Ya fuese el "gay de la clase" (real o ficticio), el "tontito", u otros epítetos similares, siempre alguien caía en las garras de la mayoria que necesita, para sentirse superior, no elevarse, sino hundir a otros. En la actualidad se llamaría bullying, palabra rimbombante que no deja de ser sino el acoso escolar de toda la vida, pero cuya relevancia sólo ahora parece hacerse patente. Donde antes se asumía, y soportaba lo mejor posible, ahora es una situación en la que, sin tener fácil salida, cuando menos puedes señalar como "no normal".
El punto central viene a ser el señalar cómo tantas cosas que no hace tantos años eran "lo normal", y "como ha sido siempre", ahora tienen otros nombres mucho más claros y menos bonitos: racismo, misoginia, desigualdad. Hace 30 años la educación sobre la desigualdad de la mujer hubiese sido impensable, o una clase de una hora máximo, que haría que los niños pensasen lo justo antes de encarar el siguiente fin de semana. Colegios que nunca pensaron que "tenían problema alguno con esa gente" (los inmigrantes) de repente se encontraron con ellos en sus clases, y descubrieron que no estaban precisamente a la altura.
En definitiva, ahora, en parte por la gran cantidad de información, no pocas personas farfullan que "todo es racista, todo es sexista, todo está mal". Y casi indefectiblemente los que así hablan son aquellos que han formado parte toda la vida de "la mayoría" y que, pues, nunca han tenido que verse frente a ninguna de estas "nuevas modas" que, según ellos, "han surgido de la nada". Lamentablemente, y al contrario que en la Fantasía donde la mención de un monstruo podía hacer que surgiese de la nada, en este caso los monstruos siempre han estado ahí.
Y sólo ahora se los nombra para reconocerlos y, así, enfrentarnos a ellos.
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